Durante la defensa del Proyecto Número 15-LM la legisladora municipal del MVC en Quebradillas, Melanie Ramos García, expresó con firmeza su compromiso con los derechos fundamentales de nuestra comunidad. Este proyecto tiene como propósito establecer la política pública del Municipio de Quebradillas para la protección de lugares sensibles, reconocidos por su importancia en el ejercicio de derechos esenciales. Además, busca clarificar y uniformar los parámetros legales que regirán las interacciones entre las entidades municipales y las autoridades federales de inmigración, garantizando que dichas acciones se realicen en estricto cumplimiento con el estado de derecho vigente.

Señor presidente, compañeros legisladores:

La reacción contra las ciudades santuario demuestra hasta dónde están dispuestos a llegar. Por Aguadilla declararse ciudad santuario, le quitaron fondos de Homeland Security. Así de claro. No por mala administración, no por incumplir con sus deberes, sino por tomar una postura valiente en defensa de la dignidad humana.

Eso no es política pública, eso es un sucio chantaje. Te dicen: “Si no colaboras con ICE, te dejamos sin recursos”. No les importa si eso afecta la seguridad o los servicios esenciales de la comunidad. Lo que quieren es castigar el desacato, infundir miedo, silenciar a quien se atreva a proteger a los más vulnerables.

Pero proteger a nuestra gente no debería costarnos caro. Lo que debería escandalizarnos no es la pérdida de fondos, sino el uso del dinero público como arma para forzar obediencia a políticas abusivas.

En Quebradillas queremos cuidar a nuestros niños, nuestros ancianos y nuestras familias. Queremos proteger lo nuestro. Pero no somos nosotros quienes realmente decidimos.

Nos han obligado a cerrar escuelas y hospitales. Los fondos federales que recibimos son necesarios para sostener proyectos y servicios; eso nadie lo desconoce. Pero ese dinero viene atado a condiciones que nos limitan a un círculo vicioso y que, con toda la intención, desde otro país —los Estados Unidos, que no vive lo que nosotros vivimos— nos subordinan.

Nos endeudamos, nos ajustamos y aceptamos reglas externas para no perder esos fondos. Es la misma lógica que permite que nos quiten el derecho a gobernarnos. Eso es chantaje, y no tiene otro nombre.

Desde niños aprendemos que la justicia es dar a cada quien lo que le corresponde, y que la soberanía es el derecho de un pueblo a gobernarse a sí mismo. Pero hoy renunciamos a esos derechos básicos por miedo a perder dinero, mientras perdemos nuestra autonomía.

La política pública debe nacer aquí, de nuestra realidad y necesidades, no ser dictada por otro país ni por quienes no viven lo que nosotros estamos viviendo.

Cada vez que aceptamos esas condiciones, cedemos nuestro derecho a decidir y permitimos que se erosionen los cimientos de nuestra libertad como grupo diverso. La cual, opino, deberíamos ser aún más diversos que politizados, porque hasta la democracia ha dejado de existir con una mayoría siempre inderrotable. En un sistema que, en vez de hacernos más grandes, nos hace pequeños y subordinados. Cooperar, colaborar, manejar y decidir democráticamente quedó en el pasado, o en el sueño de buenos corazones. La subordinación, el miedo, el conformismo político y el chantaje inescapable en el que estamos es el orden del día.

No podemos permitir que la lógica del chantaje sea la que defina nuestro futuro.

Estoy consciente de que esta propuesta no será aprobada por ustedes. Pero no acepto que dejemos de hablar de lo que está detrás de esto, y que es más que motivo de reflexión para decisiones aún más importantes, como los servicios esenciales que aclamamos desde aquí, como la mitigación a los accesos de agua, luz, educación y salud.

Porque el día que dejemos de decidir por nosotros mismos, habremos perdido más que una ordenanza: habremos perdido nuestro futuro.

Eso es todo, señor presidente. Muchas gracias.

 12 de agosto de 2025

Melanie Ramos García