Cada enero, cuando Puerto Rico recuerda el nacimiento de Eugenio María de Hostos, algo se agita en la memoria colectiva. No es sólo la fecha de un natalicio ilustre: es la presencia persistente de un hombre que dedicó su vida entera a pensar, educar, luchar y soñar por un mundo más justo. Este año, la delegación del Movimiento Victoria Ciudadana (MVC) en la Legislatura Municipal de San Juan busca transformar ese recuerdo en una conmemoración oficial: declarar enero como el Mes Hostosiano.

La propuesta, presentada por las legisladoras Norma Devarie Díaz y Daisy Sánchez Collazo, surge a petición de la Comisión Nacional Hostos 180, y pretende convertir el primer mes del año en un espacio de reflexión activa sobre el legado del mayagüezano universal.

Hostos nació en 1839, en un Puerto Rico todavía marcado por la colonia y la esclavitud. Desde temprano, su curiosidad intelectual lo llevó a cruzar fronteras físicas y mentales. Viajó, estudió, escribió, debatió, enseñó. Su obra —que abarca desde la sociología hasta la crítica literaria, desde la pedagogía hasta la filosofía política— revela a un pensador que nunca se conformó con mirar el mundo: quiso transformarlo.

En sus páginas conviven Hamlet y Bolívar, la novela introspectiva de La peregrinación de Bayoán y el análisis del poeta afrocubano Plácido. Hostos no escribía para entretener: escribía para despertar.

En cada país que pisó, dejó una huella profunda. En República Dominicana fundó las escuelas normales; en Chile revolucionó la enseñanza con métodos innovadores, como su geografía evolutiva, que invitaba a los niños a comprender el mundo desde lo cercano hasta lo universal. Su propuesta de una Ley General de Educación en 1901 —aunque no aprobada— anticipó principios pedagógicos que hoy consideramos esenciales: educación científica, formación integral, acceso temprano a la escuela.

Pero Hostos no se limitó a las aulas. Fundó la Liga de Patriotas Puertorriqueños, convencido de que un país solo puede levantarse si sus ciudadanos participan activamente en su destino. Defendió el voto sin requisitos económicos, la educación obrera, la justicia social.

Hostos fue un adelantado a su tiempo. Denunció la esclavitud africana, defendió la independencia de Puerto Rico y Cuba, abogó por la igualdad racial y por los derechos de la mujer, como expresó en su célebre conferencia “La educación científica de la mujer”. También habló del respeto a los pueblos originarios y del trato ético hacia los animales, y en su obra Moral social anticipó una sensibilidad ecológica que hoy resulta sorprendentemente contemporánea.

Su visión política trascendió las islas: soñó con una Confederación Antillana, una unión de las Antillas mayores basada en la historia compartida y en la fuerza de la integración regional.

En 1988, la UNESCO reconoció oficialmente la magnitud de su obra y exhortó a los países miembros a conmemorar su legado. No era un gesto simbólico: era la confirmación de que Hostos pertenece al patrimonio intelectual de la humanidad.

La resolución municipal número 72 no busca sólo honrar a Hostos, sino reactivar su pensamiento en la vida pública. Propone que escuelas, universidades, organizaciones comunitarias y entidades cívicas dediquen enero a estudiar, discutir y difundir sus ideas. La medida también ordena notificar a todas las dependencias municipales y centros educativos para garantizar su implementación.

Más que un acto administrativo, es un llamado a mirar hacia atrás para entender mejor el presente. Porque Hostos no es una figura del pasado: es una brújula ética para el futuro.